Monday, February 9, 2026

CORRUPCIÓN



CORRUPCIÓN

Evo Morales, Luis Arce, los hijos de Arce, Santos Ramírez CATLER, exministros Néstor Huanca y Zenón Mamani, Edgar Montaño, Santos Cruz, ex gobernador Jhonny Mamani, Armin Dorgathen YPFB, Gabriela Zapata CAMC, QUIBORAX, Julia Ramos FONDIOC, diputado Jorge Rengel, planta de urea, aeropuerto de CHIMORÉ, museo de Evo en ORINOCA, sede UNASUR, SAN BUENAVENTURA, PAPELBOL, EMAPA, MUTÚN, YLB, YPFB, ABC, BOA, CNS, Arturo Murillo, compra de gases, respiradores, juez Hebert Zeballos, etc., etc., etc. Todo esto es solo la punta del iceberg de un problema que es recurrente y sistémico. No debo continuar con estos casos de corrupción, porque el espacio no alcanzará para mi artículo.

La corrupción en Bolivia es un mal recurrente impregnado y enraizado en las estructuras del poder, como virus que se transmite de generación en generación. Los casos anteriores, evidencian que la corrupción está presente desde ex presidentes, hasta ministros de diversos gabinetes. Las acusaciones de desvío de fondos, sobornos y contratos irregulares se repiten con alarmante frecuencia. Este patrón destrozó por completo la confianza ciudadana que lamenta el alto grado de desigualdad, donde los recursos destinados a obras, terminan en bolsillos privados.

Los eternos y nuevos candidatos durante las campañas electorales, exhiben imágenes de integridad, honradez y cambio, prometiendo erradicar la corrupción que critican en sus oponentes. Sin embargo, una vez en el cargo, la mayoría "saca las garras" para apropiarse de los recursos dejando de lado el bien común. Finalmente, algunas de estas autoridades son procesadas y acaban en la cárcel. Sin embargo, lamentablemente, la mayoría de los casos salen libres, no porque sean inocentes, sino porque hicieron tan bien sus manejos, que no se les pudo comprobar responsabilidad.

Miremos un poco, cómo anda nuestro proceso educativo y cultural. Desde la infancia, la mayoría de bolivianos, crecemos en un entorno donde la corrupción esta normalizada. Pequeños actos de coimas en la vida diaria, pueden escalar a escándalos nacionales en el futuro. Esto engendra en el cerebro, una mentalidad de supervivencia a costa del sistema, donde el poder se ve como oportunidad de enriquecimiento en lugar de servicio.

El proceso educativo desde pequeños, es el problema. Crecemos en muchos casos con la corrupción en las venas. Esto establece que el mal no es solo legal o político, sino cultural y educativo. Se normaliza cuando el niño ve que un trámite se acelera con una "aceitada", cuando el adolescente aprende que el examen se pasa con un regalo al profesor o cuando la familia celebra al "vivísimo" que se filtró en la fila. Es una cultura de ilegalidad, donde el éxito se mide por la habilidad para eludir normas en beneficio propio.

Para romper este ciclo, las detenciones eventuales de corruptos, no son suficientes; lo que necesitamos es una reforma educativa que fomente valores éticos, transparencia institucional y mecanismos independientes de vigilancia. Solo así, Bolivia podría aspirar a un futuro donde las autoridades sirvan al pueblo, no a sus ambiciones. Eso depende, en última instancia, de una ciudadanía activa que elija y exija a las autoridades, de lo contrario, la corrupción seguirá siendo el verdadero gobernante desde las sombras.

En nuestro caso, parece que la corrupción es un hábito internalizado. Por lo tanto, combatirla no es solo tarea del ministerio público, sino de cada Padre, cada profesor y cada individuo que decide si normaliza la pequeña trampa o defiende en su entorno la integridad.

𝗘𝗟 𝗖𝗢𝗦𝗧𝗢 𝗗𝗘 𝗡𝗢 𝗛𝗔𝗖𝗘𝗥𝗟𝗢, 𝗦𝗘𝗥Á 𝗘𝗟 𝗣𝗔Í𝗦 𝗤𝗨𝗘 𝗧𝗘𝗡𝗘𝗠𝗢𝗦

Omar Cordero Balderrama

GENERAL DE BRIGADA

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